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FASES DE CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA DE NRA. SRA. DEL SOCORRO:
Siglo XVI: De la primera ermita o iglesia que en Casabermeja se construyera no sabemos más que su existencia y el que ya estuviese bajo la advocación de Nra. Sra. Del Socorro, referencia clara a la protección que de la Virgen implorasen los viajeros que a comienzos del siglo XVI se aventurasen a realizar la travesía de los Montes de Málaga.
Debió ser ésta una construcción sencilla, propia de la primera mitad del siglo, posiblemente de una única nave y torre de base ortogonal. La podemos imaginar, por asociación a otras construcciones rurales de la época, de aspecto mudéjar. De hecho, el objeto más antiguo del mobiliario de la actual iglesia es un pie de mármol que sirve para sostener erguida una cruz procesional, elemento éste que corresponde por sus características al estilo gótico de transición al Renacimiento.
Aunque asemeja una base de columna, ochavado y con forma de chapitel, es dudoso que puede ser un elemento arquitectónico reutilizado y siempre debió cumplir su actual función, pero nos da una pista sobre la posible decoración del resto del edificio al tratarse del único ejemplo que poseemos del primer ajuar con que contó el templo.
De la existencia de una torre y su emplazamiento, el dato ha surgido durante las obras de restauración de la iglesia en 1994. Al picarse los revocos de los paramentos exteriores del ala izquierda del crucero, elevado sobre la nave lateral correspondiente y por tanto visible desde la calle, se pudo observar en el muro oeste una ventana cegada y una cantonera vertical de sillares que no existe en las restantes esquinas del edificio.
Correspondían estos dos detalles arquitectónicos con otros que ya se conocían: en el exterior, la interrupción en este mismo muro de una cornisa, y en el interior, el alfiz que enmarca el vano que desde la nave lateral izquierda de acceso al crucero, elemento decorativo que no se repite en el vano simétrico.
Todos estos datos dan una singularidad a este muro que no puede pasar inadvertida. Que se trate de un muro reaprovechado es convincente, que sea la primitiva torre lo es menos, sin embargo, la altura de la ventana cegada sobre las actuales naves, el que la actual torre no se proyectase hasta finales del siglo XVIII y el que la nave lateral izquierda sea la última ampliación realizada en el templo, ya dentro del presente siglo, permiten sostener precariamente sostener esta teoría.
Aquella primera construcción ya debió parecerles pequeña a los encargados de las particiones del parcelario urbano, pues en enero de 1551, Alonso Cano, escribano del Ayuntamiento de Málaga, manda a Juan López, alarife de Riogordo” (…) que midáis un solar en el dicho sitio según que medisteis los otros solares, el cual yo aplico y señalo para la fábrica de la iglesia de Nra. Sra. Del Socorro de la dicha puebla (…)”. No nos consta ampliación alguna antes de 1723, por lo que podemos suponer que este solar vacío en torno a la iglesia se usase durante dos siglos como camposanto de la villa.
Un anónimo arquitecto proyectó el templo a partir de las necesidades de la población y sus posibilidades, el resultado es un edificio de gran capacidad pero modestas proporciones, donde el problema del aforo se resuelve prolongando las naves hacia los pies. Se trataba de un edificio muy simple, de planta basilical y tres naves, donde la mayor altura de la nave central y la del crucero dibujarían limpiamente en la cubierta el símbolo de la cruz. Por ello, en este proyecto, las capillas laterales no se exteriorizan y, salvo la cúpula del crucero, sus bóvedas quedan encamonadas bajo las cubiertas a dos aguas.
Los revestimientos y decoración no podían ser ajenos a su tiempo. La influencia lejana de la obra de los Figueroas en la Diócesis de Sevilla se aprecia en las plantas centralizadas y polilobuladas de los camerines del crucero, en sus bóvedas, efectos de luz, e incluso en los emblemas que decoran el sagrario.
El largo período de inactividad constructiva, entre 1723 y 1795, conseguirán alterar el primer proyecto y permitirán la convivencia temporal del nuevo cabecero con la nave única del siglo XVI.
De nuevo, en 1795, se solicita al Obispado de Málaga, ayuda pecuniaria; en este caso se especifica que es para costear las naves laterales y reparar la central, referida aquí como “la nave vieja”. Se construye entonces la nave de la Epístola con cripta, que surge al nivelar el terreno para esta nave central, y las actuales capillas de Nra. Sra. De los Dolores y de la Piedad cuyas características arquitectónicas y decorativas muestran ya un gusto neoclásico, sin abandonar del todo el estilo barroco. Como apareció la doctora Rosario Camacho, son ambas capillas dos obras influenciadas por la arquitectura de Martín de Aldehuela, entonces maestro mayor de la catedral malagueña.
Surgen estos camerines aprovechando al máximo el solar hasta la curva del camino, con volúmenes distintos que se exteriorizan en sus cubiertas, como edificios independientes, y que amenizan esta fachada sur en un juego plenamente barroco de volúmenes asimétrico. Frente a esa anarquía de formas, los revestimientos exteriores unifican toda la construcción, salvo en la más tardía nave izquierda, con una disposición de paños de mampostería encalados entre hiladas y calles de ladrillo visto.
En todo el interior, unificando las construcciones realizadas durante el siglo XVIII, se impone la austeridad más económica del Neoclasicismo. La decoración se reserva para las capillas como corresponde al espacio áulico que representan. Las nuevas capillas laterales seguirán de cerca la apuesta puramente ornamental del camarín del Nazareno, pero en ellas podemos ver como las plantas se han simplificado hasta el círculo y la decoración- pilares de orden compuesto adosados, guirnaldas y palmetas- se deben a los estilos fernandino e isabelino de tal forma que debemos pensar que se decoraron bien entrado el siglo XIX.
El siglo XVIII: El siglo XVIII es el marco histórico del actual edifico, con dos fases constructivas y un periodo de inactividad. Es a comienzos del siglo cuando se inicia la construcción actual del templo.
Como ocurría en el resto de la provincia, la demografía de Casabermeja debió crecer paralelamente a las riquezas que generasen aquellas fanegas de trigo y de vídes que se repartieran en 1550, favoreciendo esto por su ubicación en un importante viario de la época que facilitaría el mercado y la salida de los productos agrícolas.
Aquellos simbólicos sesenta vecinos del repartimiento pasaban del millar a comienzos del siglo XVIII, lo que debió suponer para la iglesia Mayor graves problemas de aforo que obligasen a parte de la población a asistir desde la calle a los actos religiosos multitudinarios o incluso a la misa dominical.
Sabemos por el historiador Diego Vázquez Otero, con datos que él obtiene del Archivo Municipal de Casabermeja, que la villa, con una población próxima a los mil quinientos habitantes, contaba en 1750 con cuatro iglesias atendidas por seis religiosos. Esto no significa, según las costumbres religiosas de la época, que se repartiesen la feligresía como, más o menos, actualmente ocurre, más bien se compartían e incluso las distintas festividades atraerían devotos de lugares cercanos.
Así pues, cuando los vecinos de Casabermeja solicitan, en abril de 1723, ayuda económica al cabildo de Málaga para la construcción de una nueva iglesia, harán hincapié en la falta de capacidad del viejo edificio.
En el momento del requerimiento de ayuda, las obras ya tenían que haber empezado. Esto explicaría el que en noviembre del mismo año ya estuviese concluida la nave del crucero, la sacristía y las dos capillas de sus extremos (el Sagrario y la del Nazareno), lo que en la actualidad supone el conjunto arquitectónico más homogéneo de la construcción. El propio hecho de que la población solicitase ayuda significa que Casabermeja tenía una obra en marcha que debemos atribuir a un empeño municipal, independiente de la Corona desde que, en 1630, los vecinos comprasen la villa del rey. Pudo influir en esta falta de disponibilidad económica las graves catástrofes naturales, un terremoto y terribles tormentas, que en 1722 asolaron la Anarquía y los Montes de Málaga, y que bien pudieran desbaratar las expectativas de producción agrícola.
Siglos XIX y XX: Conocemos por el “Catálogo de Monumentos de la Vicaría de Málaga”, realizado por la Doctora Rosario C amacho, que en 1863 el arquitecto Rivera Valentín realizó un proyecto de obras que afectó a la nave central, solería, camarín, tejados, armadura, portada, etc. La vieja nave del XVI desaparecerá finalmente con esta ampliación.
Al nombrar un camarín debe referirse al del Nra. Sra. Del Socorro, y con él al arranque de la torre de la que forma parte. Todas estas nuevas obras patentizan el abandono de la ornamentación barroca para la que estaba ideado el interior: la nave central de acusados arcos fajones y exageradas cornisas, la simple portada de granito y el potente campanario de cinco cuerpos poseen las características de funcionalidad de la arquitectura militar.
Un acierto indudable fue desplazar la torre de los pies al cabecero de la iglesia siguiendo la vocación de vigía del valle que la geografía había conferido al templo. Esto es sin duda una rareza arquitectónica que debemos relacionar con un continuo crecimiento urbano que, siguiendo el viejo Camino Real, prefería la depresión. En el espacio destinado tradicionalmente a los campanarios, a ambos lados del coro, surgen entonces dos habitaciones que se destinan una a Albacería de Santísimo y la otra compartida entre el Baptisterio y el Archivo Parroquial.
Respecto a los interiores, la propuesta de austeridad de las últimas construcciones se traduce en una desacertada intervención que nos muestra una fotografía anterior a la guerra civil. Los pilares y muros se revistieron con una imitación de sillares regulares de juntas avitoladas, en mortero de cal o yeso. El interior de los lunetos y las trompas y nervios de la cúpula del crucero se diferencian del resto de la construcción con una coloración distinta. La idea responde de tal forma al revisionismo historicista que creemos que está realizada ya en el siglo XX junto a la nave lateral izquierda, cuya construcción, en una fecha indeterminada de principios de siglo, completa el perímetro exterior del actual edificio.
Aún debía redecorarse el interior del templo en dos ocasiones más antes de la campaña de restauración acometida por la Junta de Andalucía en 1994. La primera sucede a la guerra civil, ya que en los desgraciados acontecimientos previos a la sublevación militar, la iglesia había sido incendiada y expoliada. LA ornamentación posbélica responde al estilo parnasianista, más propio de principio de siglo, que aún gustaba en los interiores acomodados. La conocemos por un resto preservado en la bóveda del prebisterio por el ático del retablo de Sagrario que fue trasladado tras la guerra al cabecero, como retablo de la capilla mayor. Debió ser ésta una decoración eminentemente pictórica, muy reiterativa, de encuadres o marcos superpuestos y vegetales estilizados enlazados por cadenetas.
El pésimo estado de las cubiertas no tardó en arruinar todas estas pinturas y más recientemente se remoza todo el interior, recuperándose un aire austero para la iglesia. Con dos colores, blanco sobre un fondo rosa pálido, se resolvió la decoración de las naves, diferenciando las cornisas, los arcos fajones y los nervios de la cúpula de pilares, muros, cielos rasos y plementaría de las bóvedas. Por otra parte, los interiores de los Camarines de la Piedad y Nra. Sra. De los Dolores se degradaba con pinturas sintéticas con sus característicos reflejos de plástico, destacando los elementos arquitectónicos en gris azulado sobre blancos con brillo.
Textos extraídos de la revista”Las Andas de Casabermeja”
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